Entorno, atención y servicio espectacular. Comida súper rica. Si te gusta comer… no lo dudes! Al no tener que elegir qué comer es una experiencia única y la sorpresa hace más interesante el momento.
Un lugar precioso que no solo encanta por su ambiente, sino también por la increíble variedad y calidad de su comida. Cada plato está cuidado al detalle, con opciones para todos los gustos y siempre con un sabor espectacular. El entorno es acogedor y perfecto para disfrutar tanto con amigos como en familia. ¡Sin duda, un sitio al que volver una y otra vez! Totalmente recomendable.
Un lugar diferente que vale la pena conocer. En un paisaje precioso de barrancos encontramos un local diferente, muy acogedor (pese a su gran tamaño) y muy cuidado. Ya con la bienvenida te das cuenta de que estás en casa. Vermut de bienvenida y presentación de Paco (su alma mater) y su filosofía. Cocina bien elaborada con guiños permanentes a la cocina de la zona. No hay que pedir... Saca a la mesa la carta entera. Hay que medirse en las raciones al comienzo si se quiere llegar al final. Resumiendo, lugar acogedor, buena cocina y trato amable. Respecto a los precios, más que ajustados para lo que ofrece. Gracias Paco.
Este restaurante es un verdadero hallazgo. Desde el momento en que cruzas la puerta, te envuelve una calidez única, tanto en la decoración como en el trato del personal, que te hace sentir como en casa. El lugar tiene un encanto especial: está ubicado en un antiguo molino cuidadosamente restaurado, lo que le da un aire rústico y elegante a la vez. El menú cerrado de 40 euros es una auténtica joya. No solo la comida es abundante, sino que cada plato está elaborado con ingredientes de calidad y sabores que sorprenden al paladar. Como punto extra, el batido que ofrecen (probablemente de postre o para acompañar) es espectacular, una explosión de frescura y sabor que cierra la experiencia de manera perfecta. En resumen, este restaurante combina un ambiente único, una comida excelente y un servicio impecable. Por 40 euros, es una experiencia que definitivamente vale la pena vivir. ¡Altamente recomendado! Posdata: lo más importante es no juzgar la primera impresión del dueño ya que es algo especial , al principio te choca pero luego es todo lo contrario a mi casi me pasa ya que a los 2 minutos de entrar mi reseña iba a ser malísima pero me ha hecho cambiar de idea es un crack!!! Nos hemos reído mucho con el!!! Mil gracias y la dueña un amor!!! Jugando con nuestros peques y dejándoles juguetes 🙌🙌🙌 sois los mejores
Una verdadera experiencia nuestro paso por La fusteria. Hay que ir preparado y sin prejuicios, con ganas de que te sorprendan y entendiendo que no es un restaurante convencional. Sobre todo Paco, el propietario con el que puedes congeniar o no pero al menos si reconocer que es valiente y hace que no te olvides de la visita a su restaurante. El entorno en el que se ubica es muy bonito y el restaurante también. Cuando llegas te recibe con un vermut y te acompaña a la mesa. Te explica que no hay carta y que comerás lo que él te vaya sacando, que dejes sitio en tu estómago para el final porque son las platos estrellas. Precio del menú de fin de semana 40€ por persona y has de llevar efectivo porque no hay internet ni datáfono. Nosotros no nos dimos cuenta al reservar de esto y tuvimos que hacerle un bizum pero fueron muy amables y se fiaron, dejándonos marchar sin pagar. No recuerdo cuánto platos nos servirían, una barbaridad, los podéis ver en las fotos y eso que nosotros, hubo un momento que no quisimos más. No nos comimos el Bacalao, ni el pollo entero, ni el costillar, ni el solomillo al que ya no le hice fotos. Directamente estos platos pedimos que no nos los sirvieran . Culminamos la comida con tartas variadas y una crep Suzette que estaba deliciosa y café de cafetera. Al principio nos trajeron un cubo con quintos, que no nos acabamos y que eran de marca blanca, eso quizás fue lo mas nos sorprendió. Respecto a la comida felicitar al cocinero porque estaba muy bien elaborada, pero me pregunto qué pasa con toda la que sobra, espero que no se tire porque éticamente me parecería imperdonable. Al final de la comida Paco nos hizo un tour por todo el edificio, contándonos su historia. Sin duda una experiencia diferente, así es como nosotros lo entendimos nuestro paso por La Fusteria. Has de ir sin ideas preconcebidas y con ganas de que te sorprendan. Decir también que durante la comida había un músico cantando y tocando la guitarra que amenizó la velada.