Este lugar ofrece una buena experiencia para quienes disfrutan de una cerveza bien tirada y tapas de calidad. Las raciones están bien preparadas, con ingredientes frescos y buen sabor. El ambiente es relajado, ideal tanto para una comida tranquila como para compartir con amigos. El servicio es atento y eficiente, lo que hace que la visita sea aún más agradable. Una buena opción para quienes buscan algo bien preparado en un ambiente acogedor.
Una joya en el barrio. El lugar es pequeño, por lo que hay que tener paciencia porque se llena rápido, pero el ambiente es encantador, con gente que realmente disfruta el momento. El propietario ofrece un servicio extraordinario, lo que hace que la experiencia sea aún mejor. El vermut estaba delicioso y las tapas también. Da gusto encontrar sitios así, con personalidad y buen trato. Sin duda, se convertirá en uno de nuestros favoritos.
Menudo sitio. Todo rico, las cañas, el vermouth (ojo a los expertos en el tema, sitio obligado), las gildas (las de anchoa son superior), y todo lo que tienen. El ambiente es de los buenos, se nota el buen rollo, clientela habitual, y amabilidad y relax. Y el trato, Jorge, Andrea, y me falta una más, encantadores y profesionales. He tenido que repetir varias veces y volveré, ¡buen trabajo!
El sitio es agradable. El precio de la consumición no me parece mal, pero lo que no entiendo es que tenga mesas altas en la calle (solo 2) y el camarero tenga que preguntarte alzando la voz desde la barra que deseas tomar y que te avise para que entres al sitio y recojas la comanda. En mi opinión, si te sientas fuera que menos que la persona encargada ande 4 pasos y te pregunte que deseas. No había ninguna persona dentro, y en la terraza únicamente una más. No son maneras.
Fui cliente en su anterior etapa y era un lugar muy agradable y respetuoso. En esta nueva etapa han descuidado bastante la atención permitiendo el acceso a clientes con perros enormes que molestan al resto de clientes y se ponen de pie con las patas en la barra donde se sirve comida y bebida. Y el pobre perro no tiene la culpa, es su dueño irrespetuoso que lo lleva a un bar estrecho y el servicio del bar (poco higiénico) que lo permite.